Pasada la página de la derrota en Stamford Bridge, sigue El Clásico.
Es común ver a Lionel Messi enojado o frustrado consigo mismo cuando las cosas no le salen bien en un partido. En su paso por Stamford Bridge, con los 90 minutos ya cumplidos, se le vio rascarse la cabeza y abrazarse a la portería de Cech, resignado y frustrado, luego de la última jugada en la que el disparo de Pedro diera contra el palo y Busquets fallara en el remate.
Mayor es su enojo cuando recuerda la pelota que perdió con Lampard y que terminó en el gol de Drogba. Hay que calmar a Lionel (o al menos, intentarlo) recordándole que se desencadenaron muchos errores en la jugada, principalmente en la defensa, como para que se señale como responsable al fallar un regate a 60 metros de la portería azulgrana. El Barça sigue sin encontrar la victoria en la cancha de los 'blues'. De siete partidos jugados allí, solo ha ganado una vez. Messi ha jugado cuatro de esos partidos y nunca ha marcado un gol.
Con toda esa presión encima, cuentan que ayer, en el vuelo de vuelta, ya se le había pasado el enfado, que estaba como acostumbra: en ese limbo en el que parece ir a su bola, desconectado del mundo, pero, en verdad, escudriñándolo todo como si la cosa no fuera con él.
Conscientes de que a La Pulga le sienta tan mal jugar en Londres como bien se le da hacerlo contra el Madrid, no hay atisbo de preocupación en el barcelonismo respecto a Messi, entre otras razones porque físicamente no tiene problemas para enfrentarse mañana a los blancos, que son una de sus víctimas habituales.
En los Clásicos que lleva jugados Messi hasta la fecha, desde su debut en el Bernabéu el 19 de noviembre de 2005 (0-3) y la primera vez que se enfrentó con Iker Casillas en el Camp Nou (marcó un hat-trick) ha marcado 13 goles. 13 goles en 16 partidos. De esos 16 Clásicos ha jugado seis en el Camp Nou y ha marcado seis goles.
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| Fuente: sport.es |
El morbo de la comparación le cruza de nuevo con Cristiano Ronaldo, como si tuvieran algo que demostrar a estas alturas. Empeñados en elevar el registro del pichichi hasta el infinito (llevan 41 goles en lo que va de Liga), el pulso está por decidirse y, aunque Messi insiste en desmarcarse de esa pelea (“me preocupa que gane el equipo, nada más; yo trato de ayudar, como todos”, ha dicho), parece evidente que ambos se retroalimentan en sus retos: en los personales y, por supuesto, en los colectivos.
Messi ha hecho tantas cosas contra el Madrid en estos 16 Clásicos que incluso puso en el mapa una enfermedad infantil casi desconocida, el síndrome X frágil, la tarde del 2-6. Aquel día, el Barça llegó al Bernabéu con una ventaja de cuatro puntos, tal como llegará esta vez el Madrid al Camp Nou, y sentenció la Liga con una demostración inapelable. Dicen que, con el Madrid destacado a 10 puntos, Messi fue de los primeros en avisar de que no estaba todo perdido, en empujar a sus compañeros para que no tiraran la toalla. Y en eso anda, listo para echar otro pulso al Madrid.
Anoche Messi escribía en su blog: "Lo de ayer hay que dejarlo de lado y pensar solamente en el Madrid. Hay que ganar para seguir metiendo presión. Después nos tocará pensar en la Champions."
Fuente: elpais.es

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