Terminó la noche ajustándose el brazalete de capitán que le había cedido antes Iniesta, uno de sus mejores socios. Mientras el Camp Nou no paraba de corear el nombre de Pep Guardiola, el técnico que situó a Messi en la cima del mundo o, quizá, fue al revés aunque el orden de los factores no altera ningún producto, la estrella estaba feliz. No porque hubiera conseguido tres goles (dos de penalti y uno maravilloso tras un pase celestial de Iniesta) sino porque se ha quedado sin Liga y sin Champions, pero su temporada evoca a los goleadores de otro siglo. Tipos todos ellos que vivieron en el siglo XX, cómodamente instalados en los libros de historia, sin pensar que una pulga de Rosario iba a fulminarlos.
Anoche, en un partido sin historia real, pero con una imponente carga simbólica, Messi se propuso batir registros. Marcó dos goles de penalti (el primero lo tiró a la derecha de Kameni, con suavidad y hasta dulzura, mientras el segundo lo envió a la izquierda, su rincón preferido con potencia, diríase que hasta violencia) y se dejó lo mejor para el tercero, con el que superaba a Gerd Torpedo Müller, el prestigioso cazagoles del Bayern de Múnich que reinó en la década de los 70 con la Alemania del elegante Kaiser Beckenbauer, en la lista de mejor goleador en una temporada, contando todas las competiciones oficiales.
O sea, juega cada partido como si fuera el último de su vida, encontrando motivación donde otros solo hallarían rutina a la espera de que llegue la final de la Copa del Rey el próximo 25 de mayo. Pero Messi se cansa de esperar. En los dos últimos partidos (Rayo y Málaga), la estrella ha marcado cinco goles, suma ya 46 en la Liga en 35 jornadas (lo nunca visto en el Camp Nou ni antes en los casi 100 años de Liga). «Leo es un crack, una máquina», confesó asombrado Keita, aunque luego reconoció que ellos tienen el privilegio de verlo cada día.
Poco antes, Messi había hecho un acto que antes era extraordinario (llevarse el balón a su casa tras marcar tres goles), algo ya cotidiano para el barcelonismo. Le pidió la pelota al árbitro, botó como un niño que se hace con el juguete más deseado y se coló, alzando, eso sí, el pulgar de su mano izquierda, en el interior del vestuario, a la espera de nuevas gestas.
Tras Georgescu
Tras Georgescu
Honrado el recuerdo de César, el goleador al que desempolvó de la historia, superado Pelé (66 goles en la temporada 1957-58 con el Santos) y destronado finalmente Müller (67 en el curso 1972-73), Messi busca otros desafíos. Ahora quiere acabar con Georgescu, un delantero rumano que logró la Bota de Oro al lograr 47 tantos en Liga con el Dinamo de Bucarest (1977).
Vea a continuación, el hat-trick de Leo Messi ante el Málaga:
Fuente: elPeriódico.com


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